Crónica

(...) Pasé cuatro días en esa casa escribiendo y bajando a Brasilito por las noches a comer atún con frijoles en la playa y a tomar cerveza con limón anaranjado y hielo. Una noche conocí a un grupo de argentinos que venían en una Dodge Ram desde Los Angeles y me fui con ellos hacia el sur de la península de Nicoya. Me tocó, por ocupar su lugar, llevar sobre las piernas a Iuma, la perra que traían desde la sierra Tarahumara y que no paró de lamerme la cara hasta Santa Cruz, tres horas más tarde.


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